En una de mis películas favoritas, “Alicia en el pais de las maravilas” (“Alice in Wonderland”), la oruga le pregunta varias veces a Alicia, “Quiennn eres tuuuú”? Alicia está tan abrumada y confundida, tratando de entender el medio ambiente de ese lugar y lo que le está sucediendo que ella casi no sabe qué decir y no tiene una respuesta. ¿Cuántos de nosotros nos hemos sentido – y, posiblemente, todavía nos sentimos – de esta manera? ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con “orugas” que nos hacen la misma pregunta? Y, más importante aún, ¿cuántas veces nos hacemos a nosotros mismos esa pregunta – “¿Quién soy yo?”. ¿Sabes la respuesta?. Al igual que con Alicia, el problema para nosotros es que la vida parece demasiado difícil a veces y nos confunde, y así caemos en línea con el resto de la manada en esta ilusión que llamamos realidad. Sin verdadera orientación o dirección, es difícil (pero no imposible) de encontrar suficiente claridad mental para profundizar el agujero del conejo de nuestras mentes y espíritus y comenzar a hacer las cosas correctas: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? El no tener las respuestas a estas preguntas esenciales crea discapacidad mental, una incertidumbre innecesaria e ilusoria de “límites”. Son estos límites ilusorios en nuestras mentes que nos empujan más lejos de quien nosotros somos, y, desesperados por encontrar respuestas a nuestra identidad, compensamos mediante la union a grupos de personas que se han definido por una sola palabra, o nombres muy específicos (su nombre y las cosas materiales que posee) o por lo que hacen (la ocupación y el estilo de alimentación/espiritualidad/hobby), y hacemos residencia permanente en una vida limitada etiquetada que nos deja descontento, incluso más que antes. Asi que, ¿Quién eres tú otra vez?
Estamos viviendo en un mundo de etiquetas que por defecto nos reduce a una palabra: nuestro nombre. Nuestros nombres, aunque no son lo que somos, se necesitan con el fin de utilizarlos como una forma de comunicación (o como yo llamaría: identificación incompleta). Hoy en día, con la aparición de las redes sociales, (que son maravillosas en muchos sentidos) nos vemos obligados a llegar a limitar aún más los nombres que se supone que definen quiénes somos. Puede ser un nombre que indique algo que nos gusta hacer, por ejemplo, pero los apodos no definen lo que somos. Además de eso, en el último par de años, ha surgido otra tendencia que limita : el “yo soy mi estilo de comida”. Como si la forma de comer definiera (en otras palabras, ES) quién es usted. Consumir una dieta basada en vegetales es algo que hago; en cierta manera, esto podría decir algo sobre mi forma de pensar (porque todos tenemos diferentes razones por las cuales comemos de una manera particular, tendríamos que hacer la pregunta individualmente para ver cual es la nuestra), pero ciertamente esto no es QUIEN SOY YO. Yo no soy lo que hago, no soy mis posesiones materiales, no soy mi coche, no soy mi casa, ni mi trabajo, ni mi estilo de alimentación. Tú no eres tu profesión o la cantidad de dinero que haces. Todas estas cosas no me pueden decir quién eres tú. Lo tangible y las cosas visibles sin duda expresan un pequeño reflejo de tu autonomía interna, pero las expresiones físicas cambian continuamente a medida que adquirimos experiencia de vida, y, con suerte, evolucionamos.
La imagen cruda aquí es que somos seres definidos por nada tangible. Somos seres multidimensionales sin límites, viviendo una experiencia material limitada (una vida maravillosa, si usted elige creer que puede realizarla) creada por nosotros. Somos seres de luz-energía teniendo una experiencia física. Nuestra intangibilidad, como por ejemplo el alineamiento entre nuestros pensamientos, palabras, y acciones, nos define continuamente más que cualquier otra cosa. Si somos capaces de entender esto, el vernos a nosotros mismos de esta manera – con ojos intangibles – enfocando nuestra identidad desde esta perspectiva, y trabajando para llegar a conocernos a nosotros mismos en este nivel, entonces podremos comenzar a conocer quiénes somos realmente, podremos comenzar una relación con nosotros mismos y mantener nuestro ego en un equilibrio productivo y positivo. Desde esa perspectiva global, y con el conocimiento y la comprensión de nuestro ser multidimensional, podremos empezar a dar respuestas a las preguntas de quienes somos y por qué estamos aquí, y desarrollar un amor auténtico dentro de nosotros mismos, así como con los demás.
Traducido por Mery Paz

































